"Se sienten los jadeos. El rechinar de las placas de acero. El Caballero inspirándose en sus emociones y en la mujer que abunda en todo su ser completamente, cruzando el infinito campo de batalla, derrotando al innumerable enemigo presente. Mientras tanto, el ángel lo observa, detenidamente. Se pregunta: '¿Cuál fue el día en el que este hombre cualquiera se convirtió en este gran ser? ¿Cuándo fue que adquirió tal valentía, coraje y valor?' El portador de la Gran Armadura, el responsable de ser el verdadero Mártir del Sacrificio, el verdadero devoto único de su propio amor... "¿cuándo fue?" se pregunta el ángel. Irrumpe en su pasado, buscando el momento exacto... y lo encuentra. Un pobre muchacho, común y corriente... colegial. Mocoso para muchos. Hijo de un padre estricto y mortal. Sólo posee a su madre de apoyo. Desesperado. Solitario. Débil. Infeliz. Se considera así mismo insignificante. El ángel no logra comprender por completo que este niño sería quien lo sorprendería en el arte de la dignidad, cargando la espada como vía de felicidad. Entonces logra comprender por qué...
Ella. La niña. Su niña. Su mayor anhelo, sueño y deseo. Sin concepto ni significado alguno conocido. Indefinible. Indeterminable. De tez blanca... divina. Como porcelana de cristal. De un mirar que salvaría al pobre desgraciado de las mismísimas fauces del infierno. De labios gruesos, color carmesí. Imperfectamente perfecta. Un error que Dios cometió, pero que no quiso corregir, porque así tal cual estaba perfecta. El ángel está pasmado. Perplejo. En la memoria del hombre, hay un día remarcado... un 22 de Septiembre. Ése es el día. Ése fue el gran día. La entrega voluntaria del niño. La transformación de hombre a Caballero, y sólo necesitó tres palabras de ella:
'SI TE AMO'"
Friday, October 26, 2007
Sunday, October 21, 2007
Cuando se trata de ti...
"Pienso frecuentemente, cuando se trata de ti, mi niña, de dedicarte algo... ¿pero qué? Cuando se trata de ti, no es escribirte unos cuantos párrafos, o libros, mi amor. Cuando se trata de ti, no es de bajar estrellas, o cruzar océanos. No se trata de... no lo sé amor... de derrotar a millares de hombres que atenten contra vos. Cuando se trata de ti, no es construirte un Universo nuevo. Cuando se trata de ti, no es lucharte cada día como realmente te lo mereces. Demostrarles a todos que lo imposible lo puedo cumplir, cuando se trata de ti. Cuando se trata de ti, tampoco es salvar cada alma de los pecados, ni menos tratar de salvar la mía de ti. Sí, mi amor, de ti misma, maldita hermosa bendición. No. Cuando se trata de ti, este conjunto de ideas para dedicarte, no están ni a tus pies. Y aunque me las pidieras, seguiría así. Lo siento mi amor. Sólo te tengo este corazón y unos cuantos infinitos de "te amo" ... ¿te son suficientes?"
Friday, October 19, 2007
Para Dominique...
"Antes de que el Caballero marchara, escribió una carta y la dejó sobre las únicas flores que se encontraban en el campo de batalla. Mientras se alejaba, un ángel, curioso, dio a la carta... y la leyó. Decía:
'Para Dominique. Para la mujer que conquistó todo mi ser. Se avecina mi hora, amor. Se acercan y debo enfrentarlos. Pero antes, quería dedicarte unas cuantas palabras siquiera, mi niña, mi amor, mi todo.
Oscuros son estos momentos, mas tu imagen pálida e invicta los ilumina. A ti, a quien amo, te confieso que miles de corazones de otros amantes nos envidiaron. Sí mi amor, nos envidiaron durante esas horas donde fuimos nosotros y nada más. Yo fui tuyo. Tú fuiste mía. Todo el Universo conspiró contra nosotros, pero les dimos batalla, como ahora la doy por ti. Cada instancia bendita de ti ha sido un milagro en mi vida. Cada palabra tuya una canción diferente. Y cada sueño una ambición. He peleado contra los mil infiernos existentes, y pelearé contra otros mil. Tu silueta yace en mí como esencia pura... como el acero de esta hoja a su espada. Me das fuerza... y muy bien sabes, mujer mía, mujer querida, mi mujer amada, que sacrificaría todo por ser el mediador de tu felicidad, aunque me conforme con una sonrisa tuya, con tus oceános que desatan olas de encantos, con las hojas de cristal minúsculas que invaden cada centímetro de tu piel... de tu cuerpo... y de un afán... de mis labios tristes que nunca han conocido los tuyos. Ahora, bien quisiera un último mirar tuyo, que me digas esas dos palabras una última vez...
Ya vienen. Esta espada, esta armadura, este escudo y este cuerpo servirán bajo tu nombre único. Servirán bajo el nombre de nuestro amor que está fuera de todo conocimiento conocido o por conocer... y moriré con gusto por él... moriré con gusto por tí.
Te amo. Adiós.'
Triste, el ángel dejó la carta y divisó hacia lo lejos alguna señal del Caballero. Se había perdido entre el horizonte... y el ejército que se aproximaba. Sólo logró escuchar un grito de guerra, y unas hojas de espada chocar..."
'Para Dominique. Para la mujer que conquistó todo mi ser. Se avecina mi hora, amor. Se acercan y debo enfrentarlos. Pero antes, quería dedicarte unas cuantas palabras siquiera, mi niña, mi amor, mi todo.
Oscuros son estos momentos, mas tu imagen pálida e invicta los ilumina. A ti, a quien amo, te confieso que miles de corazones de otros amantes nos envidiaron. Sí mi amor, nos envidiaron durante esas horas donde fuimos nosotros y nada más. Yo fui tuyo. Tú fuiste mía. Todo el Universo conspiró contra nosotros, pero les dimos batalla, como ahora la doy por ti. Cada instancia bendita de ti ha sido un milagro en mi vida. Cada palabra tuya una canción diferente. Y cada sueño una ambición. He peleado contra los mil infiernos existentes, y pelearé contra otros mil. Tu silueta yace en mí como esencia pura... como el acero de esta hoja a su espada. Me das fuerza... y muy bien sabes, mujer mía, mujer querida, mi mujer amada, que sacrificaría todo por ser el mediador de tu felicidad, aunque me conforme con una sonrisa tuya, con tus oceános que desatan olas de encantos, con las hojas de cristal minúsculas que invaden cada centímetro de tu piel... de tu cuerpo... y de un afán... de mis labios tristes que nunca han conocido los tuyos. Ahora, bien quisiera un último mirar tuyo, que me digas esas dos palabras una última vez...
Ya vienen. Esta espada, esta armadura, este escudo y este cuerpo servirán bajo tu nombre único. Servirán bajo el nombre de nuestro amor que está fuera de todo conocimiento conocido o por conocer... y moriré con gusto por él... moriré con gusto por tí.
Te amo. Adiós.'
Triste, el ángel dejó la carta y divisó hacia lo lejos alguna señal del Caballero. Se había perdido entre el horizonte... y el ejército que se aproximaba. Sólo logró escuchar un grito de guerra, y unas hojas de espada chocar..."
La última marcha...
"Ya no es batalla... es una guerra total. El pobre Caballero observa impotente la nueva estrategia de quien parecía ya derrotado. Arriesgándolo todo, ha enviado al campo de batalla su última fuerza. ¡Oh maldita sea, el Caballero está solo! Se avecina lentamente un amanecer rojo para este Gran Guerrero. Entonces es cuando aprecia lo inevitable. A pesar del fuego, de las tinieblas, de la tormenta... de la sangrienta mañana, él empuña su espada... y comienza su última marcha...
- Por tí, mi amor... por tí..."
Te amo...
- Por tí, mi amor... por tí..."
Te amo...
Monday, October 15, 2007
Coraje
"Coraje...
Yo tengo un concepto de coraje. Varios lo afilian al mero hecho de enfrentarse solos a miles. Estar frente a la boca del dragón, a las fauces del infierno. Pero no. El coraje de este Caballero no es desenvainar su espada y derrotar a millones. No es caminar en medio de la incertidumbre. Su coraje tampoco es estar entre lo ajeno, ni es tratar de vencer lo invencible. Mi coraje nunca ha sido el sobrevivir cada campaña que posee la vida contra mí. No. Mi coraje es más sencillo, más simple, pero a la vez, más complicado. Más difícil de acarrear. Más imposible de ganar. Mi coraje es tenerte entre mis brazos, mi amor... mi coraje... es sólo besarte. Es sólo quererte. Atreverme a acercarme... atreverme a tocarte. Llenarme de valentía para rozar ese fuego tuyo. Mi coraje... es amarte."
Yo tengo un concepto de coraje. Varios lo afilian al mero hecho de enfrentarse solos a miles. Estar frente a la boca del dragón, a las fauces del infierno. Pero no. El coraje de este Caballero no es desenvainar su espada y derrotar a millones. No es caminar en medio de la incertidumbre. Su coraje tampoco es estar entre lo ajeno, ni es tratar de vencer lo invencible. Mi coraje nunca ha sido el sobrevivir cada campaña que posee la vida contra mí. No. Mi coraje es más sencillo, más simple, pero a la vez, más complicado. Más difícil de acarrear. Más imposible de ganar. Mi coraje es tenerte entre mis brazos, mi amor... mi coraje... es sólo besarte. Es sólo quererte. Atreverme a acercarme... atreverme a tocarte. Llenarme de valentía para rozar ese fuego tuyo. Mi coraje... es amarte."
Saturday, October 13, 2007
A morir...
"Helo aquí, sentado... descansando de la batalla. La dulce trinchera que alberga la paz. El Caballero aprovecha el tiempo para meditar... ¿por qué está aquí?... ¿por qué lucha?... ¿por qué batalla con tanta pasión y afán? Entonces fácilmente recuerda: Ella. No logra comprender el todo de sus sentimientos, de sus emociones. Su existencia se basa en un solo ser que no logra tocar por ahora. Las palmas de sus manos buscan desesperadas ese bendito terciopelo de su piel, tocando una hoja... o hundiéndose bajo el agua. Hermosa sensación. Cualquier buen Caballero sabe que se puede perder fácilmente la moral en el campo de batalla y así olvidar la razón de su combate. Pero éste no. Su devoción es infinito mismo. Sabe que con cada vaivén de su espada, es un paso menos que dar. Sabe que con cada enemigo derrotado, se acerca más y más. Sabe que con cada victoria, es una nueva oportunidad... una nueva oportunidad de dar a ella. Y ya puede levantarse una vez más... su imagen está en todo y en todos. Inserta en lo incierto, bendita en lo maligno. Agua que cura todo rastro de fuego, incluso el de nuestro Caballero. La debilidad de la cual gusta... un vicio. Un vicio a voluntad. Le gustaría saber porqué la quiere. Porqué la ama. Porqué la desea. Porqué la necesita... porqué cada palabra que cruza por sus enamorados pensamientos posee su esencia. Una dulce obsesión.
Resuena en su mente.
-Te amo. Te amo. Te amo.
La cree con ella. La imagina abrazándola.
-No te dejaré. Nunca.
Y alucina besándola... con el silencio como el más fiel aliado existente... por unos cuantos segundos. Y le promete...
-Por ti... hasta la muerte.
Desenvaina una vez más la espada, gritando en medio del campo de batalla. Contra el viento, contra el fuego, contra todo... a morir."
Resuena en su mente.
-Te amo. Te amo. Te amo.
La cree con ella. La imagina abrazándola.
-No te dejaré. Nunca.
Y alucina besándola... con el silencio como el más fiel aliado existente... por unos cuantos segundos. Y le promete...
-Por ti... hasta la muerte.
Desenvaina una vez más la espada, gritando en medio del campo de batalla. Contra el viento, contra el fuego, contra todo... a morir."
Monday, October 08, 2007
Resurrección...
"Los respiros recrean la saga de la vida. La mano recupera su vieja fuerza y la moral se reestablece. Los ojos se abren lentamente, ardiendo bajo la luz encandiladora. La espada se desenvaina... bellamente... como el arco iris apareciendo entre el sol y la lluvia. El escudo, acero de héroes, se acomoda en el brazo izquierdo... decidido. El yelmo cae orgulloso en su cabeza... dispuesto. La armadura se blande ante su cuerpo. El tiempo de gloria ha vuelto para el viejo Caballero. Una rosa cae. Él la recoge, y la lleva consigo en su corazón. Debajo del escudo, pero encima de todo. Encima del mismísimo mundo que lo ha acogido. El descanso ha terminado... es tiempo de batalla...
- Voy por ti mi amor... voy por ti.
La armadura será fría, pero cálido su corazón... la siente con él. La desea con él. La quiere con él. Devoto, reza por unos cuantos minutos por ella. Comienza una vez más la larga travesía, la difícil jornada, el riesgoso viaje del amor. Seguro, decidido, fortalecido... susurra su nombre... lo recita con ahínco... y comienza a caminar..."
- Voy por ti mi amor... voy por ti.
La armadura será fría, pero cálido su corazón... la siente con él. La desea con él. La quiere con él. Devoto, reza por unos cuantos minutos por ella. Comienza una vez más la larga travesía, la difícil jornada, el riesgoso viaje del amor. Seguro, decidido, fortalecido... susurra su nombre... lo recita con ahínco... y comienza a caminar..."
Thursday, October 04, 2007
Estos días...
Días homogéneos. Días aburridos. Días de uno... no de dos. He vuelto al tiempo sin sentido, al sendero sin rumbo... y, sim embargo, cierta parte de mí todavía la siente conmigo, palpable... a pesar que mis manos y mis labios la desconozcan completamente. Sólo tengo de ti humildes imágenes. Me aíslo para recordarte mejor... buscando en los alrededores algún girasol.
Anoche me lo dijiste. Tres veces. Ignoré por segundos los miles de kilómetros que nos separaban. Hermosa ficción. Pero ahora, hoy, aquí... he de sufrir el peor de los castigos. Me lo merezco. Actitudes y decisiones patéticas, dignas de un derrotado. He de pagar el maldito precio, y cuando toda sangre envenenada haya sido derramada por completo, volveré... volveré por ti. Te batallaré como nunca antes lo había hecho... porque los días de gloria de este exhausto caballero esperan impacientes su arribo, y no los hará esperar. No más...
Te amo...
Anoche me lo dijiste. Tres veces. Ignoré por segundos los miles de kilómetros que nos separaban. Hermosa ficción. Pero ahora, hoy, aquí... he de sufrir el peor de los castigos. Me lo merezco. Actitudes y decisiones patéticas, dignas de un derrotado. He de pagar el maldito precio, y cuando toda sangre envenenada haya sido derramada por completo, volveré... volveré por ti. Te batallaré como nunca antes lo había hecho... porque los días de gloria de este exhausto caballero esperan impacientes su arribo, y no los hará esperar. No más...
Te amo...
Friday, September 21, 2007
La Batalla de los Cinco Infiernos
Primer Infierno: Contacto.
Ella. La conocí en Marzo si bien recuerdo, en una mañana de charlas. De cabellera oscura y tez blanca. Encantadora. Creo que robaría la mirada de cualquier hombre. Su sonrisa resaltante y su alocada personalidad. Curiosamente, toqué su mano antes siquiera conocerla. Pequeña, pero atrapaba por completo mi todo.
-Entonces el Caballero se impregnó de divinidad y bendijo su armadura.-
Mediamos nuestras primeras palabras a la mitad de la mañana.
-Disculpa...
-¿Sí? - Me sentí enmudecer, y el momento se tornó incómodo.
-Eh... ¿te gusta este estilo de música? - Descaradamente puse un audífono en su oreja y toqué cierta canción para acertar mi hipótesis.
-¡Sí!...¿cómo supiste? - dijo emocionada.
-Por tu anillo. - Mentí, lo noté en su mirada, no sé cómo, pero fue así. Y así comenzó todo. Adivinando una trivialidad.
Reingresando al auditorio, repudié la jornada. Condenadas charlas acerca del emprendimiento y la perfección constante de la persona en el país. Bah... uno que lamentablemente lo aprendió desde pequeño, en el seno familiar, donde la ira sin pretexto del padre luchaba constante contra la serenidad eterna de la madre y era una guerra sin fin. Entonces fue cuando ella tiritó.
-¿Tienes frío?
-Sí... - Sin que ella se fijase, ya me había sacado la camisa, y se la ofrecí.
-Gracias - Me dijo, y la usó como frazada. Su delicadeza de actuar y el perpetuo mirar me conquistaron lentamente. Quizás fue su coqueteo nato. Quizás fueron sus labios color carmesí. Quizás...
De pronto sentí el alivio: la charla tocó su fin. No hallaba la hora de salir de ese lugar, pero algo estaba cambiado y mis tonterías me dejaron llevar por el instante. Quizás para mal.
-El Caballero afiló su espada... -
Al salir, ella me siguió. Charlamos un poco. De todas maneras, el momento lo favorecía. Ella desconocía completamente del lugar... y yo también. Éramos novatos de ese nuevo mundo.
Y en su casa escribí algo. No le di mucha importancia. Lo escribí por querer hacerlo y saciar esa necesidad, como el perro que quiere comer estando lleno.
-¿Puedo leerlo?
-Claro. - Ella era una perfecta hechicera. En su voz yacía el encantamiento y en su mirada la confirmación de éste.
-¡Qué hermoso!
-Quédeselo si lo desea.
-¿Sí?... - se sonrojó. - Muchas gracias... - Y firmé con mi nombre esa hoja.
Arribó la tarde rápidamente, y sin darme cuenta, ya estaba acostado en el pastizal junto a ella. Inserto en la incertidumbre, le confesé media vida. Y ella a mí. Fue nuestro momento.
-¿Cuál es tu fantasía?
-Que llegue mi príncipe a caballo y me rescate de una torre.- Y por un segundo sentí que la amé.
Creo que le dio mucha importancia a una rama cortada, tirada entre hojas secas, porque la recogió y me la dio. Yo la guardé... todavía la tengo guardada. Sentí su mirar ordenándome "cuídala, porque yo te la di". Y he obedecido. Desde ese día que cada pasar de mi existencia posee algo de ella, en mi alrededor o en mi interior.
-Y comenzó la marcha del Caballero... -
Segundo Infierno: Incertidumbre.
Los días siguientes fueron confusos. La presencia divina de ella distorsionaba la realidad como la conocía y la transformaba en un mundo ideal. Coloreaba este ambiente de blanco y negro, floreciéndolo. Sin mayor esfuerzo, se ganó una devoción total de mi ser. Entonces fue cuando quise ser de ella y que mi todo también fuera ella. Ella. Ella. Ella.
Eran las cinco de la mañana, después de una fiesta, en la entrada de su casa. Ni el momento propicio, ni el lugar indicado.
-Te amo. Siento que te mereces la felicidad de todo el mundo y yo trataré de ser el mediador de ella.
-...-Trató de hablar, pero la corté.
-No digas nada. No mates la ilusión. - Y le di un beso en su mejilla sonrojada. Lento, apasionado, como si fuera en sus labios, impregnando un fragmento del amor que sentía, tratando de hacerlo tangible. Tratando de convertirlo en mero placer. La abracé y ella entró a su casa, mirando hacia atrás. Observándome subir esas escaleras, entre los focos de la calle y el ruido silencioso de la noche.
-El Caballero había brindado su primer golpe... comenzó su batalla.-
-Pobre e insignificante ser, condenado a batallar entre fuego y cielo.- Declaró Dios.
-Esta vez será diferente.- Señaló el Caballero, seguro de sus palabras.
Las semanas volaron, y la cotidianidad se hacía presente. La rutina y la homogeneidad de esos días me volvían preso de la realidad, pero la diferencia estaba en ella. Aquella mujer que la veía de momento en momento y sentía que bailaba conmigo, en medio de la explanada, bajo la mirada de todos.
-¿Me dejarás sola?
-Nunca.- Y me abrazaba. Me hacía suyo por unos cuantos segundos, y ésa era mi gratificación temporal. Como pobre niño, volvía a mi casa feliz...
Tercer Infierno: Realización.
Mi trofeo fue su confianza. Poco a poco, ella entraba en mi red de amor y buscaba en mí la sombra del desierto, el paraguas de la lluvia... la tranquilidad del campo de batalla.
-El Caballero siente la victoria llegar, y pelea apasionadamente hasta el fin.-
La noche helada carcomió nuestros cuerpos y nos obligó a acercarnos... como también la voluntad de cada uno. Se dejó querer por un momento... se dejó amar por un segundo, con la inminente invasión de mis labios, quienes rápidamente acertaron en los suyos, en medio de la sorpresa y la ingenuidad. Desesperado, la había besado. Y ella no parecía enfadada.
-El Caballero canta en la fogata junto a sus camaradas, orgulloso del triunfo cometido.-
Mi vida me regaló nuevos tiempos. Su sonrisa era más radiante y yo por fin podía osarme a imitarla. La sentía mía. Durante un mes y medio, el dulce sabor de sus labios quedó prendido en mí, como el licor que recién se prueba.
-La espada del Caballero poseía la rosa de ella... y su pasión había crecido.-
Es un recuerdo alegre... el hecho de robarle un beso. La sorpresa... lo súbito... lo espontáneo. Ella era así... yo lo fui una vez. Con ella.
Cuarto Infierno: Cúspide.
Aunque fueran escasos, los días soleados incrementaban mi amor por ella. Ciego, creía ver la posibilidad de estar con ella. El sentido de mi vida existía y tenía nombre. Me propuse la idea y comencé a salir con ella. Benditos fueron los días en los que todo el mundo dejaba de existir por unas horas, y nosotros dos poseíamos lo nuestro. Forjando cada segundo con un poco de amor, un poco de amistad, más otro poco de verdad, y un último de placer. Era todo perfecto. Invierto minutos en revivir cada instante.
-El Caballero se sentía en la cima de la duna, feliz y satisfecho.-
-Lo siento hijo mío, no eres feliz.- Decreta Dios.
-He peleado y he triunfado. No hay nada que lo cambie.-
Ella me seducía.
-Dime que me quieres.
-Mentiría si lo dijera. Yo te amo.
Difícil es plasmar estos recuerdos en palabras. No poseo poder para siquiera comparar las chispas que despertaron cuando nuestros cuerpos yacían muy cerca y deseaban un poco más. Mi corazón la amó un poco más, usando mis labios y mis brazos como armas, atacando y atacando. Y después del combate, la paz de sus ojos cerrados y su desvanecedor respiro conquistado por el sueño. Mi mano la ayudaba a mantenerse en ese estado. Fui feliz.
Quinto Infierno: Desilución.
-El Caballero refina su vieja armadura, afila una vez más su espada, levanta el escudo y se prepara para la última pelea de su campaña.-
El sexto mes fue el decisivo. Era hora de cambiar mi patética existencia. Hacer formal la inserción de mi niña en mi vida. Fui un alucinado valiente y creyendo dominar el fuego, acerqué mi mano.
-¿Qué sientes por mí?
-Te quiero mucho. Soy feliz contigo. Me encanta estar contigo...
-Pero no me amas...
Entonces me quemé.
-Te lo dije, valeroso Caballero.- dijo Dios.
-Lo sé.- Se levantaba del suelo, con la armadura rota, el escudo partido y la espada trizada.
Mi batalla había terminado. Y lamentablemente no había muerto.
-El Caballero levantó sus armas y partió vuelta a casa, queriendo haberse quedado entre la tierra y una espada.
Ella. La conocí en Marzo si bien recuerdo, en una mañana de charlas. De cabellera oscura y tez blanca. Encantadora. Creo que robaría la mirada de cualquier hombre. Su sonrisa resaltante y su alocada personalidad. Curiosamente, toqué su mano antes siquiera conocerla. Pequeña, pero atrapaba por completo mi todo.
-Entonces el Caballero se impregnó de divinidad y bendijo su armadura.-
Mediamos nuestras primeras palabras a la mitad de la mañana.
-Disculpa...
-¿Sí? - Me sentí enmudecer, y el momento se tornó incómodo.
-Eh... ¿te gusta este estilo de música? - Descaradamente puse un audífono en su oreja y toqué cierta canción para acertar mi hipótesis.
-¡Sí!...¿cómo supiste? - dijo emocionada.
-Por tu anillo. - Mentí, lo noté en su mirada, no sé cómo, pero fue así. Y así comenzó todo. Adivinando una trivialidad.
Reingresando al auditorio, repudié la jornada. Condenadas charlas acerca del emprendimiento y la perfección constante de la persona en el país. Bah... uno que lamentablemente lo aprendió desde pequeño, en el seno familiar, donde la ira sin pretexto del padre luchaba constante contra la serenidad eterna de la madre y era una guerra sin fin. Entonces fue cuando ella tiritó.
-¿Tienes frío?
-Sí... - Sin que ella se fijase, ya me había sacado la camisa, y se la ofrecí.
-Gracias - Me dijo, y la usó como frazada. Su delicadeza de actuar y el perpetuo mirar me conquistaron lentamente. Quizás fue su coqueteo nato. Quizás fueron sus labios color carmesí. Quizás...
De pronto sentí el alivio: la charla tocó su fin. No hallaba la hora de salir de ese lugar, pero algo estaba cambiado y mis tonterías me dejaron llevar por el instante. Quizás para mal.
-El Caballero afiló su espada... -
Al salir, ella me siguió. Charlamos un poco. De todas maneras, el momento lo favorecía. Ella desconocía completamente del lugar... y yo también. Éramos novatos de ese nuevo mundo.
Y en su casa escribí algo. No le di mucha importancia. Lo escribí por querer hacerlo y saciar esa necesidad, como el perro que quiere comer estando lleno.
-¿Puedo leerlo?
-Claro. - Ella era una perfecta hechicera. En su voz yacía el encantamiento y en su mirada la confirmación de éste.
-¡Qué hermoso!
-Quédeselo si lo desea.
-¿Sí?... - se sonrojó. - Muchas gracias... - Y firmé con mi nombre esa hoja.
Arribó la tarde rápidamente, y sin darme cuenta, ya estaba acostado en el pastizal junto a ella. Inserto en la incertidumbre, le confesé media vida. Y ella a mí. Fue nuestro momento.
-¿Cuál es tu fantasía?
-Que llegue mi príncipe a caballo y me rescate de una torre.- Y por un segundo sentí que la amé.
Creo que le dio mucha importancia a una rama cortada, tirada entre hojas secas, porque la recogió y me la dio. Yo la guardé... todavía la tengo guardada. Sentí su mirar ordenándome "cuídala, porque yo te la di". Y he obedecido. Desde ese día que cada pasar de mi existencia posee algo de ella, en mi alrededor o en mi interior.
-Y comenzó la marcha del Caballero... -
Segundo Infierno: Incertidumbre.
Los días siguientes fueron confusos. La presencia divina de ella distorsionaba la realidad como la conocía y la transformaba en un mundo ideal. Coloreaba este ambiente de blanco y negro, floreciéndolo. Sin mayor esfuerzo, se ganó una devoción total de mi ser. Entonces fue cuando quise ser de ella y que mi todo también fuera ella. Ella. Ella. Ella.
Eran las cinco de la mañana, después de una fiesta, en la entrada de su casa. Ni el momento propicio, ni el lugar indicado.
-Te amo. Siento que te mereces la felicidad de todo el mundo y yo trataré de ser el mediador de ella.
-...-Trató de hablar, pero la corté.
-No digas nada. No mates la ilusión. - Y le di un beso en su mejilla sonrojada. Lento, apasionado, como si fuera en sus labios, impregnando un fragmento del amor que sentía, tratando de hacerlo tangible. Tratando de convertirlo en mero placer. La abracé y ella entró a su casa, mirando hacia atrás. Observándome subir esas escaleras, entre los focos de la calle y el ruido silencioso de la noche.
-El Caballero había brindado su primer golpe... comenzó su batalla.-
-Pobre e insignificante ser, condenado a batallar entre fuego y cielo.- Declaró Dios.
-Esta vez será diferente.- Señaló el Caballero, seguro de sus palabras.
Las semanas volaron, y la cotidianidad se hacía presente. La rutina y la homogeneidad de esos días me volvían preso de la realidad, pero la diferencia estaba en ella. Aquella mujer que la veía de momento en momento y sentía que bailaba conmigo, en medio de la explanada, bajo la mirada de todos.
-¿Me dejarás sola?
-Nunca.- Y me abrazaba. Me hacía suyo por unos cuantos segundos, y ésa era mi gratificación temporal. Como pobre niño, volvía a mi casa feliz...
Tercer Infierno: Realización.
Mi trofeo fue su confianza. Poco a poco, ella entraba en mi red de amor y buscaba en mí la sombra del desierto, el paraguas de la lluvia... la tranquilidad del campo de batalla.
-El Caballero siente la victoria llegar, y pelea apasionadamente hasta el fin.-
La noche helada carcomió nuestros cuerpos y nos obligó a acercarnos... como también la voluntad de cada uno. Se dejó querer por un momento... se dejó amar por un segundo, con la inminente invasión de mis labios, quienes rápidamente acertaron en los suyos, en medio de la sorpresa y la ingenuidad. Desesperado, la había besado. Y ella no parecía enfadada.
-El Caballero canta en la fogata junto a sus camaradas, orgulloso del triunfo cometido.-
Mi vida me regaló nuevos tiempos. Su sonrisa era más radiante y yo por fin podía osarme a imitarla. La sentía mía. Durante un mes y medio, el dulce sabor de sus labios quedó prendido en mí, como el licor que recién se prueba.
-La espada del Caballero poseía la rosa de ella... y su pasión había crecido.-
Es un recuerdo alegre... el hecho de robarle un beso. La sorpresa... lo súbito... lo espontáneo. Ella era así... yo lo fui una vez. Con ella.
Cuarto Infierno: Cúspide.
Aunque fueran escasos, los días soleados incrementaban mi amor por ella. Ciego, creía ver la posibilidad de estar con ella. El sentido de mi vida existía y tenía nombre. Me propuse la idea y comencé a salir con ella. Benditos fueron los días en los que todo el mundo dejaba de existir por unas horas, y nosotros dos poseíamos lo nuestro. Forjando cada segundo con un poco de amor, un poco de amistad, más otro poco de verdad, y un último de placer. Era todo perfecto. Invierto minutos en revivir cada instante.
-El Caballero se sentía en la cima de la duna, feliz y satisfecho.-
-Lo siento hijo mío, no eres feliz.- Decreta Dios.
-He peleado y he triunfado. No hay nada que lo cambie.-
Ella me seducía.
-Dime que me quieres.
-Mentiría si lo dijera. Yo te amo.
Difícil es plasmar estos recuerdos en palabras. No poseo poder para siquiera comparar las chispas que despertaron cuando nuestros cuerpos yacían muy cerca y deseaban un poco más. Mi corazón la amó un poco más, usando mis labios y mis brazos como armas, atacando y atacando. Y después del combate, la paz de sus ojos cerrados y su desvanecedor respiro conquistado por el sueño. Mi mano la ayudaba a mantenerse en ese estado. Fui feliz.
Quinto Infierno: Desilución.
-El Caballero refina su vieja armadura, afila una vez más su espada, levanta el escudo y se prepara para la última pelea de su campaña.-
El sexto mes fue el decisivo. Era hora de cambiar mi patética existencia. Hacer formal la inserción de mi niña en mi vida. Fui un alucinado valiente y creyendo dominar el fuego, acerqué mi mano.
-¿Qué sientes por mí?
-Te quiero mucho. Soy feliz contigo. Me encanta estar contigo...
-Pero no me amas...
Entonces me quemé.
-Te lo dije, valeroso Caballero.- dijo Dios.
-Lo sé.- Se levantaba del suelo, con la armadura rota, el escudo partido y la espada trizada.
Mi batalla había terminado. Y lamentablemente no había muerto.
-El Caballero levantó sus armas y partió vuelta a casa, queriendo haberse quedado entre la tierra y una espada.
Thursday, September 20, 2007
Desilución...
"Y la espada es envainada una vez más... la sangre que vertió en batalla no valía la pena..."
Saturday, September 15, 2007
Soliloquio
"¿Por qué el hombre tendrá esa manía de querer saber hacer más cosas? Esa añorada ambición, la destructiva... la que carcome por dentro hasta las putrefactas entrañas del corazón desolado... porque quiere perfeccionarse... porque desea alegrar más a su mujer... o a quien le pretenda hacer suya. Impresionarla. Hacerle saber que la puede enamorar de mil maneras diferentes. Que en el libro de su vida no habrá página en blanco... sin su nombre repetido más de un par de veces. Que puede recordar las primeras palabras que cruzó con ella. Que guardará hasta el final de sus días la flor que le dio sólo porque se la quiso dar. Que su trabajo, su oficio, su cargo, su vocación, su diplomado... a voluntad propia, es amarla... incluyéndome en este soliloquio..."
Tuesday, September 11, 2007
El descanso...
"Ya no hay más batallas. Ya no hay más luchas. El Caballero se encuentra ante una gran encrucijada: El total abandono de esta legendaria conquista... o el millón de años de espera. Por ahora, ha optado por la espera y se ha dejado llevar por su ilusa luz de esperanza. Espera cualquier milagro... el patético fantasma de la ilusión ha invadido una vez más al desgraciado. El viento lo consuela, como también las hojas que fallecen, creyendo que son sus dedos. Y la piensa... constante. La recuerda como un rayo de sol que atravesó su armadura y su corazón. En medio de la paz y la tranquilidad del combate, el Caballero dedica sus pensamientos a su amada. Su pensamiento es su espejo. Su dulce aroma emanado hasta en el más crudo invierno, hasta en el más sangriento campo de batalla, hasta en el más oscuro cementerio de árboles. Su melodía tocada en cada rincón del mundo, viendo las estrellas estremecerse por el violín de su voz. Inmerso en ella, el Caballero comienza su sueño. La siente junto a él... hecha de porcelana... real. El miserable de amor, aprende de ella, bailando con ella, cantando con ella, riendo con ella, imaginando la verdadera vida... la verdadera felicidad. Pero no la quiere soltar. Pobre hombre, sabe que sueña... y no la quiere soltar. El atardecer lo destruye... pidiéndole a ella "quédate..."
Se desvanece, entre rosas de hielo y luces. Entre paraísos y mares. El Caballero se despierta desconsolado... y comienza a caminar."
Se desvanece, entre rosas de hielo y luces. Entre paraísos y mares. El Caballero se despierta desconsolado... y comienza a caminar."
Sunday, September 09, 2007
En la costa...
"Quizás las nubes oscurecían nuestro día, pero tus ojos reflejaban constelaciones enteras. El frío también lo opacaba, mas el abrigo de tus brazos fue mi escudo. Y el mar como pretexto improvisado... y el viento que provenía de él. Amando cada centímetro de tu rostro, cada nota de tu melodía, cada infinidad de tu aura. La esperanza pronta a llegar, en forma de ti, alegrándome... sin importar el tipo de batalla que deba enfrentar por ti. El Caballero ha levantado su espíritu por última vez para terminar con esta legendaria historia... ya te siento llegar, mi amor. Mi espada yacía en el aire, constantemente, y mi mano izquierda buscaba desesperadamente la tuya... pero ya la encontré..."
Thursday, September 06, 2007
¡A la carga!
"Y en el lugar menos apropiado, en el momento menos esperado, el Caballero se somete a la más riesgosa de sus hazañas: La completa aniquilación de sus miedos, la tentación del momento... la eventual derrota de este guerrero, hechizado y confundido... apasionado y sin razón. El cantar de la victoria y el trofeo en forma de beso, la dicha de su aroma. El Caballero de roca, hecho arena. El Caballero de hielo, hecho agua. Ella ahora es su mundo, su Universo entero controlado sólo por la yema de sus dedos y sus labios. La tiene... es suya... por fin lo es. Pero sólo de piel... no de alma. Pero sólo de cuerpo... no de corazón. Sin embargo, el Gran Caballero no piensa dejar el campo de batalla. La lucha continúa... y ante las grandes puertas del infinito, él entra... sin miedo... valiente y osado, sin importar que este portal lidere a las entrañas de Hades. Ya siente el frío otra vez, gritando "¡a la carga!"
Thursday, August 30, 2007
La Bufanda...
"Piedras, espinas, invaden el camino del Caballero, como también el frío invernal. "Es difícil" dice el pobre guerrero que trata de mantenerse en pie ante la adversidad, solitario en su armadura, caminando contra el viento... lentamente, encerrado en una ilusión, soñando con ojos abiertos... lo ideal. Ciego por el aroma que emana la bufanda que carga, larga y suave, como una hoja de trigo. A pesar del óxido, a pesar de la sangre, a pesar del sudor y el constante jadeo, la bufanda mantiene la presencia de su amada."
Monday, August 20, 2007
Caballero
"He recuperado la moral.
La batalla se ha reanudado.
Y tu corazón será mi destino.
Oh mi niña, oh mi amada, maté la ilusión por unos cuantos días para no imaginarte en todos lados, ni en todas partes. Dichoso el minuto en el que mi ser encontró lo más cercano al cielo, la amable criatura, divina. Defenderé hasta la muerte los recuerdos compartidos, las sensaciones, los escalofríos, las miradas y las palabras que más de una vez dijiste, me condenaron a obsesionarme más y más de ti. Ahora, en mi solitario y frío lecho, siento arder mi corazón cuando tu silueta conquista mis pensamientos, deseando que estuvieras aquí... conmigo.
Cuando estamos solos, anhelo con murmurarte las palabras exactas y ahogar tu bellísima voz por unos segundos, pero el nerviosismo es más rápido y me reprime. El deseo de yo ser por quien piensas y sonríes, permanece invencible ante el infierno de la adversidad. Te daría todo... y un poco más. ¿Qué sería de mí si me amaras tanto como yo te amé... como yo te amo ahora... como yo te amaré eternamente? ¿Qué sería del caballero que no poseerá otra batalla más por pelear, porque ya ha salido victorioso en la ardua lucha del amor? El regocijo de tenerte, mi amor, y el merecido descanso eterno, hasta que el destino decida poner a prueba el amor que siento por ti, y con gusto pelearé por ti.
Te amo."
La batalla se ha reanudado.
Y tu corazón será mi destino.
Oh mi niña, oh mi amada, maté la ilusión por unos cuantos días para no imaginarte en todos lados, ni en todas partes. Dichoso el minuto en el que mi ser encontró lo más cercano al cielo, la amable criatura, divina. Defenderé hasta la muerte los recuerdos compartidos, las sensaciones, los escalofríos, las miradas y las palabras que más de una vez dijiste, me condenaron a obsesionarme más y más de ti. Ahora, en mi solitario y frío lecho, siento arder mi corazón cuando tu silueta conquista mis pensamientos, deseando que estuvieras aquí... conmigo.
Cuando estamos solos, anhelo con murmurarte las palabras exactas y ahogar tu bellísima voz por unos segundos, pero el nerviosismo es más rápido y me reprime. El deseo de yo ser por quien piensas y sonríes, permanece invencible ante el infierno de la adversidad. Te daría todo... y un poco más. ¿Qué sería de mí si me amaras tanto como yo te amé... como yo te amo ahora... como yo te amaré eternamente? ¿Qué sería del caballero que no poseerá otra batalla más por pelear, porque ya ha salido victorioso en la ardua lucha del amor? El regocijo de tenerte, mi amor, y el merecido descanso eterno, hasta que el destino decida poner a prueba el amor que siento por ti, y con gusto pelearé por ti.
Te amo."
Thursday, August 16, 2007
Misterio
"He vuelto a la desilución. Miro hacia atrás y aprecio mis patéticos intentos de conquista. Intentos de logros, de cambios, de drásticos cambios. Sollozo. Después de todo lo soñado, sigo aquí, en medio de la trinchera, en la mismísima trinchera donde he sangrado lágrimas y he llorado sangre por quienes parecían la esperanza hecha personas. Un amigo una vez me dijo: "Prefiero el caos a una realidad tan charcha". Tiene razón. Y ahora... ¿qué hare?. Desespero con la pregunta sin respuesta. Enloquezco por la solución.
Siento lástima por las balas de mi adolescencia disparadas en vano, rebotando en el concreto indestructible del dolor. No quiero... No... Por dios no... No deseo volver a sonreír irónicamente. Puedo contar con los dedos de las manos los minutos en los que creí que era feliz. Quizás menos. Misteriosamente sigo en pie. Sin razón... sigo vivo."
Siento lástima por las balas de mi adolescencia disparadas en vano, rebotando en el concreto indestructible del dolor. No quiero... No... Por dios no... No deseo volver a sonreír irónicamente. Puedo contar con los dedos de las manos los minutos en los que creí que era feliz. Quizás menos. Misteriosamente sigo en pie. Sin razón... sigo vivo."
Wednesday, August 15, 2007
A pesar de todo...
"Entremedio de la indignación y la tragedia, fallezco mis piernas, descalzo de consuelo y amor, aunque sarcásticamente posea la cabeza al frente de batalla. El olvido como cotidianidad, la frustración como pan. Que todo el tiempo del mundo se mate de pronto por un rocío de alegría, parecería un sacrificio digno... y egoísta. Las malditas cicatrices del pasado vuelven a arder, en lenta agonía. Yo creo soportarlo, me hago la idea, me creo la ilusión de fortaleza e indestructibilidad. Como dicen por allí, la esperanza es la mejor mentira de todas. Ando ciego. Quiero andar ciego. Quiero yacer ciego e ignorante. O bien... saberlo todo, y aún así sonreír... a pesar de todo."
Saturday, August 04, 2007
Frío infernal
"Una noche eterna. El invierno atacándola y las estrellas ocultas. Aunque los ejércitos de mi corazón yacen derrotados y desvalidos, sigo vivo. Sigo firme. Sigo adelante, sin querer reconocer la terquedad... la necesidad... la desesperación por haber caído en el abismo de tus ojos. Llorándote, sabiendo que mis lágrimas te recorren banalmente, como la lluvia sobre las montañas. Sin encontrar consuelo, como sentir el frío infernal de mi alma en pena. Débil e inútil, con alas cortadas. Sin importancia, como gota en el océano. Patético y solitario, deambulo en las tinieblas, con la certidumbre de mi propósito. Demacrado y sangrando, doy pasos lentos e inseguros, pero siempre adelante. No hay batalla. No hay choque de espadas. Sólo existe la resistencia en el infierno... y la imagen terca de un paraíso."
Friday, July 27, 2007
Veinte años...
"Un día que parece ser uno cualquiera, pero en el fondo no lo es. Es una celebración de batalla. 365 días de eterno combate contra mí mismo, y al parecer la lucha persiste. La búsqueda del deseo verdadero, del afán verdadero... del único que me ha mantenido en pie hasta ahora, perseverante... ambicioso... terco. Un año más que parece ser tanto de esperanza, como de tragedia... 20 otoños... 20 primaveras...¿quién sabe? Días invadidos de la diversidad de emociones. Benditas y malditas. La batalla dedicada a la búsqueda de un propósito final, y la gloria venidera por cumplimiento de ese propósito: Tú, mi amor, sólo tú. Otro año más condenado a pelearte hasta el último aliento. Condenado a batallar por un ideal. Ideal altruista. Ideal que nunca acabará... nunca morirá... nunca fallecerá. Mi ambición la revive constantemente. Ésa es mi vida... nacer por mi amor... crecer por mi amor... luchar por mi amor... y morir por mi amor."
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